EGO MASCULINO, ES MUY FÁCIL HERIRLO

Se comenta y se comenta mucho que el sexo femenino, es el sexo débil y bien, cuando hablamos de fuerza física, a lo mejor ese hecho sea irrefutable, pero cuando se habla de fuerza interna, voluntad, carácter y actitud, sin sonar feminista, tengo que decir que las mujeres somos el sexo fuerte. Hablando en varios sentidos, como el simple hecho de parir, ningún dolor se compara con eso, por más que los hombres desean dejar en el mismo nivel de dolor, una patada en los bajos.

Ven la diferencia, el ego de una mujer no es lastimado, no, se pone en modo furia, y el ego masculino, cuando deseas herir a un hombre es muy fácil, demasiado y ellos salen llorando a ocultarse bajo su cama.

Pero bien, ya dejamos en claro que tanto hombres y mujeres vivimos en una era de equidad, ya no existe un sexo que pueda definirse como débil, pero realmente existen cosas que no podemos negar, como, por ejemplo, es más sencillo herir el ego de un hombre que el de una mujer. Se reirán de nosotras con bromas que apelen contra la figura, ya sabes, eso de decirle a una mujer que es gorda. Aunque digan que estos comentarios no hierren, es un error, porque no nos hierren, sino que nos hace entrar la furia, que es diferente.
Pero sabes cuál es la mejor forma de insultar a un hombre de manera políticamente correcta, herir su ego masculino, hacerlo rabiar en berrinches monumentales, volverlo loco, es bastante simple ya que solo has de fingir que no te acuerdas de él y lo harás sufrir por bastante tiempo.

Es sencillo, prácticamente muchos aspectos del ego masculino pueden ponerlos sensibles, cuando una chica decide vengarse de su ex, basta con mencionar el reducido tamaño de su virilidad o que no tiene mucho inconveniente para ocultar ese pequeño problema, cuando eso pasa, inmediatamente el ego masculino es herido profundamente y de formas irreparables.

En este mundo existen muchas cosas que son frágiles y muchas de esas cosas frágiles traen las precauciones que son necesarias para manejar esos objetos con cuidado; en estas cosas tendría que estar integrado el ego masculino porque en serio que cuando te metes con este bien preciado en un hombre, despiertas su furia. Y esta furia puede explotar en un berrinche monumental, dejarte de hablar o hacerte sentir fatal por haber dicho algo de este tamaño.

Como, por ejemplo, me acuerdo de alguien que pensó que le dije “cabrón” y al instante reaccionó su ego y me respondió que no estaba tratando con mis amigotes. Claramente no se lo dije a él sino que lo usé como adjetivo de mucho.

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